¿La edad? „Todavía no me preocupo por eso“, afirma Janosch en una entrevista. „Aún queda mucho para eso“, resume brevemente el popular pintor y autor. Janosch siempre ha sabido encarnar, al menos en sus obras dirigidas a los niños, la ligereza del ser, mientras que él mismo ha conservado la imagen de un gruñón. El popular artista cumple hoy 90 años.
¿Cuál es su propio resumen de los últimos 90 años? Probablemente, Janosch nunca lo revelará. Y si lo hiciera, su declaración estaría tan hábilmente envuelta en historias que el oyente ya no sabría con certeza qué parte es una fábula y qué parte es realmente cierta.
Este artista, a veces un tanto gruñón, siempre destaca en sus entrevistas la satisfacción que le proporciona llevar un estilo de vida sencillo. Al menos, eso es lo que uno cree. Aunque el propio Janosch parece haber reconocido su valor hace ya mucho tiempo.
Janosch, el creador del pato tigre, cumple 90 años
El artista es el creador de personajes como el pato tigre, Günter Kastenfrosch o Wondrak. Este último es un señor mayor vestido con un mono del pato tigre que, con regularidad, comparte sus reflexiones sobre la vida en la revista „Zeitmagazin“. El personaje es conocido por sus breves declaraciones, que ofrecen una visión de la vida tan diferente que, a menudo, bastan una o dos frases para adoptar una nueva perspectiva sobre la actualidad o los problemas cotidianos y poder asimilarlos de forma diferente.
Janosch incluso recurre a esta receta en uno de sus dibujos de Wondrak: ante la pregunta de cómo uno puede curarse el alma por sí mismo, este excéntrico personaje de ficción responde lacónicamente: „Haciendo el pino. Entonces todo se invierte: lo malo se convierte en bueno; ¡zas!, y todos los problemas se resuelven“.
Quizás ese sea precisamente el modo en que Janosch está sobrellevando la actual crisis del coronavirus. La pandemia supone una carga para muchas personas. En cambio, quienes prefieren llevar una vida retirada no tienen que dar explicaciones. El coronavirus es la excusa perfecta para no tener que organizar una gran celebración.
Tenerife es el Panamá de Janosch
Janosch, que nació como Horst Eckert en la antigua Hindenburg -hoy Zabrze-, lleva unos 40 años viviendo en Tenerife. Se ha convertido en su paraíso personal. Lo que sus personajes buscan en la obra „Oh, qué bonito es Panamá“, para luego darse cuenta de que su propio hogar es el lugar más bonito, el propio artista lo ha encontrado, al fin y al cabo, en la lejanía.

A Janosch le encanta la tranquilidad de esta isla canaria. Llegó aquí en 1980 por motivos de salud. Y desde Tenerife, el artista sigue publicando sus cuadros, sus declaraciones y, ahora también, algunos productos de merchandising.
En la isla se ha ganado la fama de anciano excéntrico. Se dice que, en una ocasión, estando ebrio, robó una bicicleta para llegar más rápido a casa. ¿Es cierta esta historia? En cualquier caso, no parece del todo descabellada. Sin embargo, como suele ocurrir, es probable que esta leyenda se quede en uno de los muchos mitos que rodean a Janosch.
Janosch no tiene por qué celebrar su cumpleaños en Tenerife
Janosch nunca ha ocultado su rechazo hacia los medios de comunicación. Por ello, es poco probable que le agrade que -al igual que ocurre con cada cumpleaños redondo- también se escriba mucho sobre él con motivo de su 90.º cumpleaños. Apenas se dará cuenta de ello. Una de las ventajas de vivir aislado es poder decidir por uno mismo cuál es la dosis diaria de exposición pública.
Janosch ha hablado mucho sobre la vejez. Y en su caso, a pesar de una cierta melancolía, siempre sonaba de alguna manera positivo. Tal y como Wondrak siempre transmite, no hay que preocuparse demasiado por el futuro. Porque, al fin y al cabo, la naturaleza se encarga de todo por sí sola.
Lo mismo ocurrió con su 90.º cumpleaños. Y es que, en esa ocasión, Janosch recibió el regalo más bonito, tal vez incluso de manos del propio destino: debido a la pandemia, en Tenerife solo se permite la reunión de un máximo de seis personas que no convivan juntas. Por lo tanto, el excéntrico artista tuvo que celebrar la ocasión, en el mejor de los casos, en un círculo muy reducido.











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