Lanzarote cuenta con más de 100 playas. Si se fija bien, encontrará entre ellas lugares que difícilmente habría podido imaginar ninguna oficina de turismo del mundo. La costa de las Islas Canarias se formó gracias a una interacción milenaria entre erupciones volcánicas y el depósito constante (y, en ocasiones, incluso antinatural) de arena del Sáhara.
Playas poco conocidas en Lanzarote y La Graciosa
El resultado no conoce la monotonía: extensas playas de arena dorada, diminutas calas blancas escondidas entre rocas de lava, playas negras que absorben la luz del sol como esponjas y rincones casi vírgenes en los que el murmullo del Atlántico es el único sonido de fondo.
Algunas de estas playas se encuentran dentro de reservas naturales, sin tumbonas, sin socorristas y sin chiringuitos. Eso es precisamente lo que ofrecen. Y a continuación les presentamos estos oasis:
La diversidad costera de Lanzarote y de su pequeña isla hermana La Graciosa refleja la riqueza geológica y paisajística de ambas islas. Desde tranquilas calas de aguas turquesas hasta enclaves salvajes situados en los límites de las reservas naturales, cada uno de estos lugares ofrece una experiencia única. Sin turismo de masas, sin colas, sin ruido. Solo aquello por lo que uno viaja a una isla.
Playa del Paso: una playa de lava en el fin del mundo
En la costa suroeste, donde el Parque Natural de Timanfaya se encuentra con el mar, hay una playa que apenas aparece en ningún folleto turístico. La Playa del Paso tiene unos 120 metros de longitud, está formada por arena volcánica negra y requiere un poco de esfuerzo: desde el pueblo pesquero de El Golfo, una ruta de senderismo de 1,5 kilómetros discurre por escarpadas rocas de lava a lo largo de la costa hacia el norte.
También se puede llegar a ella por un sendero de 2,2 kilómetros de longitud que parte del aparcamiento situado en la carretera entre Yaiza y El Golfo. Quien llegue hasta allí tendrá, con toda probabilidad, la playa para sí solo: el mar es aquí embravecido y, a menudo, no es recomendable bañarse debido a las fuertes olas. Lo que queda es uno de los paisajes costeros más impresionantes de la isla: lava negra, acantilados escarpados, el Atlántico a la vista y un silencio absoluto.
Bajo el Risco: la recompensa tras un arduo descenso
A los pies del macizo de Famara, en el municipio de Haría, se extiende esta playa de 845 metros de longitud. Llegar hasta allí supone un cierto esfuerzo: la ruta habitual discurre por el histórico Camino de los Gracioseros, un sendero que los habitantes de La Graciosa utilizaron durante siglos. El descenso desde el punto de partida, cerca de Yé, dura aproximadamente una hora. Quien llega hasta allí disfruta de vistas panorámicas de La Graciosa y del archipiélago de Chinijo, y a cambio recibe el doble de tranquilidad absoluta. Como alternativa, se puede acceder a la playa por mar.
Lambra, en La Graciosa: la playa de ámbar
La Graciosa, la isla habitada más pequeña de las Canarias, cuenta con algunos de los paisajes costeros mejor conservados de todo el archipiélago. En particular, la playa de Lambra, también conocida como la playa de Ámbar, es un oasis en estado natural. Se encuentra en el noreste de la isla, más allá de la localidad de Pedro Barba, y se puede llegar a ella a pie en aproximadamente una hora, en bicicleta en unos 30 minutos o en taxi en unos diez minutos. El trayecto atraviesa amplias zonas de terreno volcánico con vistas despejadas al Atlántico. Precisamente la tranquilidad y el escaso número de visitantes constituyen el encanto especial de este lugar.
Playa Quemada y la Costa Negra
En el sur de Lanzarote, lejos de los grandes complejos turísticos, el pueblo pesquero de Playa Quemada conserva un ambiente tranquilo durante todo el año. Las playas de Playa Quemada, La Arena y El Pozo forman parte del Monumento Natural de Los Ajaches y comparten una característica llamativa: arena negra de origen volcánico. En esta zona suele haber muchos menos visitantes que en otras zonas turísticas del sur de la isla. Quien busque los contrastes entre la roca oscura y el azul claro del Atlántico, los encontrará aquí, en un paisaje que ha conservado su estado natural.
Montaña Bermeja: naturaleza salvaje protegida
También en el municipio de Yaiza, a poca distancia del popular espacio natural de Los Hervideros, se encuentra la Montaña Bermeja. Esta playa, de aproximadamente medio kilómetro de longitud, se caracteriza por sus fuertes olas y sus frecuentes vientos. Goza de doble protección: como espacio natural protegido y como reserva ornitológica. No es un lugar para un baño tranquilo, sino para quienes desean experimentar de cerca el Atlántico indómito, sin toparse con ningún cartel que les indique cómo deben hacerlo.
Las Malvas: donde Timanfaya se encuentra con el mar
La playa de Las Malvas, en el municipio de Tinajo, es quizá la más impresionante de la lista desde el punto de vista paisajístico. Su arena negra procede del material expulsado durante la histórica erupción de Timanfaya, entre 1730 y 1736. Situada a diez kilómetros del centro de Tinajo, atrae sobre todo a visitantes interesados en los paisajes volcánicos, así como a quienes practican actividades tradicionales como la pesca desde la orilla. Las olas y el viento suelen dificultar las condiciones en el mar, por lo que se recomienda precaución en cada visita.
Playa de Janubio: arena negra junto a unas salinas históricas
En la costa suroeste de Lanzarote, justo al lado de las Salinas de Janubio, se extiende la Playa de Janubio a lo largo de unos 800 metros. Las salinas, que en su día fueron las mayores de su tipo en las Islas Canarias con una producción de hasta 10 000 toneladas de sal marina al año, conforman un entorno único. La propia playa está formada por arena fina de lava negra salpicada de olivino.
Debido a las fuertes corrientes y al oleaje elevado, bañarse aquí resulta peligroso. En cambio, la playa invita a dar paseos y a disfrutar de uno de los paisajes más hermosos para contemplar la puesta de sol de las Islas Canarias. Hay aparcamientos a ambos lados de la playa, y se ha prescindido deliberadamente de cualquier infraestructura turística.
Los Caletones de Órzola: puntos blancos sobre lava negra
En el extremo norte de Lanzarote, cerca del pequeño puerto de Órzola -el único embarcadero de transbordadores hacia La Graciosa-, se esconden los llamados Caletones: una serie de pequeñas calas situadas al borde del Malpaís de la Corona. La arena blanca y fina contrasta de forma espectacular con la roca volcánica negra que la rodea. Su ubicación protegida garantiza aguas tranquilas, aptas incluso para los niños.
Quien se aventure un poco más al norte encontrará la Playa de la Cantería, a la que los lugareños llaman cariñosamente „La Playa de Atrás“, una playa de varios cientos de metros de longitud que, debido a las fuertes corrientes submarinas, solo es apta para nadadores experimentados o, simplemente, para tomar el sol, y que queda casi totalmente sumergida durante la marea alta. Ambos tramos están conectados entre sí a lo largo de una ruta de senderismo de casi seis kilómetros que atraviesa el paisaje costero del Malpaís.
La diversidad de estos ocho tramos costeros refleja la esencia de Lanzarote y La Graciosa, mucho más allá de las vacaciones de catálogo. Cada una de estas playas es una experiencia natural única que no necesita infraestructura ni explicaciones. Solo hay que estar dispuesto a alejarse un poco en coche, seguir caminando y disfrutar del silencio que se instala cuando uno es la única persona en la playa.
















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