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miércoles, 19. agosto 2026

Una avería camino del puerto de Agaete y la ayuda de un desconocido

Un matrimonio que volvía de una semana de senderismo se quedó tirado un domingo por la tarde con una fuga en el tubo de gasolina. Un conductor canario buscó una pieza en casa de un amigo mecánico, la montó y no aceptó nada a cambio.

Von Ralf Korten

Hace ya algunos años que mi mujer y yo viajamos en un Seat Ibiza en ferry desde Santa Cruz, en Tenerife, hasta Agaete en Gran Canaria. Ya habíamos comprado el billete de vuelta durante el viaje de ida, por lo que podríamos haber emprendido el viaje de vuelta con total tranquilidad.

Tras una semana de impresionantes excursiones, un domingo por la tarde nos dirigimos, pasando por Agaete, hacia el puerto, donde ya nos esperaba el ferry con destino a Santa Cruz. Desde lejos, el ferry distingue a quienes dejan atrás Agaete y toman la carretera que desciende hacia el puerto.

Y fue precisamente en ese momento cuando ocurrió: el motor se averió. Todos los intentos por arrancarlo fracasaron estrepitosamente. Una mirada bajo el capó lo dejó claro: el conducto de gasolina tenía una fuga y salía líquido.



Gran Canaria: la solidaridad canaria un domingo

¿Qué hacer? Normalmente no se lleva consigo una manguera de repuesto adecuada y, a la redonda, no se veían ni casas ni gasolineras. Ni siquiera había ningún coche, y mucho menos personas, circulando por la carretera.

Mientras, con el capó abierto, seguíamos sopesando qué alternativas se nos ofrecían, de repente se detuvo un vehículo a nuestro lado. En él viajaba una familia canaria, vestida para ir a misa, con dos niños pequeños. Como se supo más tarde, acababan de volver de comer.

El conductor se bajó, nos preguntó cuál era nuestro problema y, al cabo de unos instantes, nos explicó que tenía un amigo en Agaete que era mecánico y que seguro que podría ayudarnos con un trozo nuevo de manguera. Dijo que volvería en unos minutos. Dicho esto, dio la vuelta con su vehículo y se marchó.

Nuestro „ángel canario“

Poco después, el hombre regresó con una cámara, la montó y el vehículo volvió a arrancar. Rechazó amablemente cualquier oferta de compensación. Tampoco aceptó los dulces que queríamos regalar a los niños. Nuestro agradecimiento le bastó.

Así fue como, un domingo por la tarde en Gran Canaria, nos encontramos con un ángel canario al que aún hoy seguimos agradeciendo su ayuda. Y es que no solo conseguimos llegar a tiempo al ferry, sino que, además, la manguera que nos instaló aguantó hasta que vendimos el vehículo.

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