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miércoles, 19. agosto 2026
Guía turística de Lanzarote

César Manrique y las normas que dieron forma a Lanzarote

Edificios de dos plantas como máximo, fachadas blancas y carpinterías azules junto al mar o verdes en el interior. Esa disciplina estética, junto al paisaje de La Geria, llevó a la UNESCO a declarar la isla Reserva de la Biosfera en 1993.

Son su encanto y su atmósfera los que distinguen claramente a Lanzarote del resto de las Islas Canarias. Y esto no se debe únicamente a que Lanzarote esté formada en gran parte por arena negra y roca volcánica oscura. Esta isla canaria irradia una serenidad alegre, una tranquilidad difícil de describir, pero que se percibe de inmediato.

Quien se interese más a fondo por Lanzarote se topa inevitablemente con el nombre de César Manrique Cabrera. Manrique fue artista, pintor, arquitecto y visionario. Sus obras no solo se encuentran en Lanzarote, sino también en otras islas, como la famosa piscina marina Lago Martiánez en Puerto de la Cruz.

Sin embargo, la tierra natal de Manrique era Lanzarote. Allí creó algunas de sus obras más importantes: el jardín de cactus, el acceso a un lago subterráneo, viviendas en burbujas de lava, campanas de viento y mucho más.

Lanzarote: marcada por César Manrique

Su visión consistía en convertir Lanzarote en una isla de turismo sostenible. El artista lo logró. Manrique se impuso en que los edificios tuvieran un máximo de dos plantas y se pintaran de blanco. Las ventanas y puertas debían ser azules cerca del mar y verdes en el interior de la isla.



Salvo contadas excepciones, los promotores se ajustaron a estas directrices. Hoy en día se diría que Manrique desarrolló una „identidad corporativa“ única y coherente para su isla natal.

Manrique estaba convencido de que Lanzarote solo podría conservar su identidad si la isla seguía una línea estética clara. Hablaba de „disciplina estética“, es decir, un enfoque consciente de la arquitectura, los colores y los materiales. Los edificios debían ser bajos, estar pintados de blanco e integrarse armoniosamente en el paisaje.

Rechazaba rotundamente los carteles publicitarios, las fachadas llamativas o las perturbaciones visuales. Esta postura no solo tenía motivaciones artísticas, sino que también respondía a una preocupación social. Manrique concebía Lanzarote como una obra de arte total que debía protegerse. Su convicción se impuso y sigue marcando el aspecto de la isla hasta el día de hoy.

Lanzarote y la visión del turismo sostenible

Aunque Manrique no inventó la agricultura tradicional de La Geria, reconoció desde el principio su valor cultural y estético. Los muros de piedra semicirculares, los surcos en el lapilli negro y las resistentes vides conforman un paisaje que parece una obra de arte.

Para Manrique, La Geria era un ejemplo de cómo el ser humano y la naturaleza pueden convivir sin destruirse mutuamente. Esta forma de agricultura se convirtió para él en un símbolo de la identidad de Lanzarote y en una prueba de que el uso sostenible y la armonía estética son compatibles.

En 1993, la UNESCO declaró a Lanzarote Reserva de la Biosfera, convirtiéndose así en la primera isla completa del mundo en recibir dicha distinción. Este reconocimiento no solo rinde homenaje al extraordinario paisaje volcánico, sino, sobre todo, a la interacción entre la naturaleza, la arquitectura y el desarrollo sostenible. Precisamente esta interacción fue el eje central de la obra de toda una vida de Manrique.

Luchó contra el turismo de masas descontrolado, contra los rascacielos y contra la destrucción del paisaje. El reconocimiento de la UNESCO sigue considerándose hoy en día una confirmación internacional de que la visión de César Manrique de un turismo sostenible y responsable ha dado sus frutos.

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