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miércoles, 19. agosto 2026
Consejos sobre las Islas Canarias

Diez normas básicas para pescar con seguridad en la costa canaria

Licencia en regla, tallas mínimas, calzado con suela adherente y no dar nunca la espalda al mar. Un pescador que vive en las islas repasa los riesgos del Atlántico, de las corrientes a especies como el pez araña o la morena.

Pescar en las Islas Canarias es un auténtico placer: aguas cálidas, gran visibilidad y costas impresionantes. Sin embargo, quien crea que aquí todo es tranquilidad y no entraña ningún peligro, no ha comprendido el Atlántico.

El mar que rodea las Islas Canarias es precioso, pero sigue siendo peligroso. Para que nadie acabe apareciendo en las noticias como otro turista accidentado con una caña de pescar, a continuación se detallan las normas que todo pescador debe conocer antes de lanzar el sedal:

1. Debe obtener una licencia de pesca. Solo cuesta unos pocos euros; en cambio, pescar sin licencia sale caro. Y es que las autoridades le confiscarán, entre otras cosas, el equipo. La Guardia Civil puede incluso incautar el coche con el que se ha acudido a pescar, al considerarlo parte del equipo de pesca. El Atlántico es generoso, pero la Guardia Civil no lo es.

2. Debe conocer las medidas permitidas. En Canarias existen normas claras, y los funcionarios se las saben de memoria. El desconocimiento no exime de la sanción, pero sí da pie a animadas conversaciones con la policía.



3. Debe saber qué peces pueden causarle lesiones o envenenarle. El pez escorpión es pequeño y muy venenoso. La raya tiene un aguijón que no es meramente decorativo. Y las morenas parecen el mal humor con dientes. ¡Y no solo muerden el cebo!

4. Debe tomarse en serio el Atlántico: sus corrientes y sus olas. El Atlántico no es un lago artificial. Las corrientes le arrastrarán hacia mar abierto en cuestión de segundos. Las olas llegan rápidamente, de forma irregular y, a menudo, justo cuando uno cree tener todo bajo control. Basta con una sola ola gigante para arrastrar a un pescador desde el acantilado. Puede encontrar más información sobre las corrientes frente a las Islas Canarias aquí.

5. Debe darse cuenta de cuándo el suelo está mojado. Que la roca volcánica esté mojada no es casualidad. Si la roca está mojada, significa que recientemente ha habido una ola. Y las olas rara vez vienen solas. Quien, a pesar de todo, pesque allí, en el fondo solo está esperando a que el Atlántico se lo lleve. Y nunca se debe dar la espalda al mar cuando se está muy cerca de la costa.

6. No debe llevar chanclas. Las chanclas son para la playa, no para acantilados ni rocas. Quien pesque en esos lugares necesita un calzado adecuado con suela antideslizante. Cualquier otra cosa es una imprudencia.

7. No debe escalar rocas en solitario. Quien cae en solitario no es oído, salvo quizá por una gaviota. Pero esta no pide ayuda.

8. No debe dejar basura. Además de la basura habitual, no debe dejarse bajo ningún concepto ovillos de hilo de pescar. En el agua suponen un peligro para los peces y las tortugas, y en tierra, un peligro para las aves.

9. Debe utilizar un equipo más resistente que el que utiliza en casa. Los peces de aquí no son truchas del parque de la ciudad. Tienen fuerza, peso y una determinación que desborda sin piedad a un equipo ligero. Quien pesque con un equipo demasiado débil se arriesga a que el pez se escape con el anzuelo y el bajo de línea en la boca y muera de forma lamentable.

10. Si le quita la vida a un pez, hágalo con la intención de consumirlo. Quien le quita la vida a un animal asume una responsabilidad. Y esa responsabilidad no termina hasta que llega al plato. Quien no esté seguro de poder aprovechar la captura, no debería sacarla del agua en primer lugar. Cualquier otra cosa es un desperdicio y una falta de respeto hacia la naturaleza.

Y además, hay una norma de cortesía: Un pescador respeta la elección de los demás. Si un lugar ya está ocupado, se busca un sitio propio y se mantiene una distancia adecuada.

El respeto por el mar no es un consejo, sino un deber. Quien lo tenga presente se protege a sí mismo, a la naturaleza y a todos los que vendrán después de él.

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