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miércoles, 19. agosto 2026
Tenerife Sur

El sur de Tenerife y su dependencia del turismo de masas

De medio millón de visitantes en 1968 se pasó a más de diez millones en Canarias al cambio de siglo. La crisis de 2008 recortó las cifras hasta un 20 por ciento y disparó el paro juvenil por encima del 40 por ciento.

El sur de Tenerife no alcanzó la prosperidad hasta la llegada del turismo de masas a partir de la década de 1970. Partiendo de medio millón de visitantes en 1968, el turismo experimentó un crecimiento constante. A principios del nuevo milenio se registraron por primera vez más de diez millones de visitantes en las Islas Canarias, de los cuales aproximadamente la mitad visitó su isla más grande, Tenerife.

En la década de 1980, el sur acabó por equipararse al norte en materia de turismo, y su avance ya no pudo frenarse. No fue hasta la crisis económica de 2008 cuando el turismo en las Islas Canarias volvió a descender, en algunos casos hasta un 20 por ciento. Las consecuencias fueron el desempleo masivo y la pobreza en algunas regiones. Entre los adolescentes y los jóvenes adultos se registró incluso la tasa de desempleo más alta de Europa, superior al 40 %.

Playas artificiales para el sur de Tenerife

Sin embargo, la situación se está normalizando de nuevo. El motivo es el repunte del turismo. Con hasta 360 días de sol y hasta 3 200 horas de sol al año, las principales localidades del sur de la isla compiten por atraer a los turistas.

Para poder satisfacerlas, se hicieron caso omiso de todas las preocupaciones ecológicas y se crearon playas artificiales. Se extrajo roca del mar y se trituró hasta convertirla en arena fina. En otros puntos de la isla se llegó incluso a importar arena del Sáhara y a esparcirla. En la actualidad, grandes diques protegen estos tramos de playa artificial, por lo que el agua en el interior de estas playas artificiales es poco profunda, incluso cuando, a solo unos metros de distancia, las olas rompen con fuerza contra las rocas y las inundan con facilidad.



La construcción de nuevos complejos de lujo, con grandes campos de golf y zonas de piscinas, ha provocado una creciente preocupación por la escasez de agua potable. Por ello, en la actualidad, los nuevos complejos hoteleros se ven obligados incluso a gestionar sus propias plantas desalinizadoras de agua de mar.

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