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miércoles, 19. agosto 2026
Los lectores escriben para los lectores

Del sur desértico a las grúas, 50 años de cambio en Tenerife

Un lector recuerda la isla de 1975, con aldeas sencillas y jornadas cortas, y repasa lo que vino después: construcción acelerada, campos de golf, la desaladora y las aguas residuales que siguen sin depurar.

Von Marlis Zoschke

En noviembre de 1975 falleció el general Franco y, en cuestión de días, la dictadura en España se transformó en una monarquía parlamentaria. Han transcurrido 50 años desde entonces y Tenerife, al igual que las Islas Canarias en general, ha cambiado mucho.

En aquella época, el sur se asemejaba a un desierto. Había unos cuantos pueblos sencillos y, de vez en cuando, alguna taberna modesta. Como turista, nadie tenía nada que temer. No se producían asaltos ni robos. Sin embargo, los lugareños también disponían de mucho tiempo libre. Nunca se trabajaba un día completo.

Siempre tuvimos la sensación de que esto se debía al calor. En los „restaurantes“ a menudo había que esperar hasta dos horas para poder disfrutar de un modesto almuerzo. Todavía se transportaban muchas mercancías sobre la cabeza, y solo lo hacían las mujeres.



A partir de 1976, las Islas Canarias cambiaron rápidamente

Sin embargo, a partir de 1976 se produjeron cambios muy rápidos. Las grúas de obra formaban parte del paisaje vacacional. Entre los lugareños, la palabra „autonomía“ estaba en boca de todos. Es muy probable que muchos de ellos no supieran con certeza lo que les esperaba. Probablemente, todos pensaban únicamente en que ahora había mucho dinero que ganar.

Los restaurantes solían estar regentados por extranjeros. ¡Ahora había que tener cuidado! En las cartas solían figurar precios distintos a los de la factura.

Si alguien quería comprar algo especial, se desplazaba a Puerto de la Cruz. En realidad, aquella pequeña localidad, junto con Bajamar, era el destino vacacional por excelencia en Tenerife. Allí ya se podían encontrar maletas rígidas, teléfonos móviles y muchos otros artículos electrónicos que aún no existían en nuestro país. En aquella época, los teléfonos móviles estaban prohibidos en Alemania, ya que no eran seguros. Aun así, compramos uno y nos lo pasamos muy bien con él.

En las Islas Canarias surgieron muchos campos de golf

Es positivo que se hayan producido tantos cambios en beneficio de la población. Sin embargo, también han surgido muchos aspectos negativos. ¿No habría sido mejor destinar algo más de recursos a la educación de los jóvenes en lugar de a esas obras de construcción superfluas? ¿Para qué se necesitan tantos campos de golf? Cuando hace viento -y eso ocurre con bastante frecuencia-, la pelota sale volando por sí sola a cualquier parte. Incluso jugar al tenis es cuestión de suerte, aunque haya lonas tensadas alrededor de la pista.

Ahora también hace falta una planta desalinizadora. Los agricultores necesitan el agua, pero los pescadores son los que salen perdiendo. La sal que se extrae del agua vuelve, naturalmente, al mar y los peces mueren o abandonan la zona.

Las Canarias en transformación: de las aguas residuales a la educación

El sistema de alcantarillado es un desastre. En varios periódicos ya se ha publicado que, como destino vacacional, es mejor evitar Tenerife. De todas las Islas Canarias, Tenerife es la que vierte al mar la mayor cantidad de aguas residuales sin depurar.

Al parecer, al Cabildo no le preocupa la salud de la población, ni tampoco la de los turistas. Y, al parecer, los responsables políticos hacen caso omiso de la educación de los jóvenes, a pesar de que se considera una de las inversiones más importantes.

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