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miércoles, 19. agosto 2026

53 años después, un lector cumple su sueño de vivir en Tenerife

Llegó de niño con su padre y sus hermanos, estudió en la British Yeward School Tenerife y encontró cuevas guanches en Puerto de la Cruz. Un año y medio más tarde la familia volvió a Alemania. Ahora está de mudanza con su mujer.

Von Oliver Huber

Cuatro amigos -Henrik, Wayne, Rolf y yo-, unos chicos llenos de energía, solíamos escalar después del colegio en los salientes rocosos y acantilados de la costa escarpada de Puerto de La Cruz. Por casualidad, descubrimos en las rocas de lava algunas cuevas habitadas por los guanches, los pueblos indígenas de Tenerife. Y nuestro hallazgo fue muy especial.

Una vez metidos en bolsas de plástico, entregamos con orgullo los huesos que habíamos encontrado a nuestro profesor de Geografía de la British Yeward School Tenerife. Recorríamos el trayecto diario al colegio descalzos. Atravesar el Parque de Taoro era para mí, cada vez, una de las experiencias más bonitas del día.

Por aquel entonces, hace 53 años, nuestro padre, un hombre impulsivo y aventurero, decidió marcharse a Tenerife junto con sus cinco hijos y su tercera esposa a Tenerife. Nosotros, los hermanos, teníamos por aquel entonces entre dos y catorce años, por lo que éramos flexibles y nos adaptábamos fácilmente, tal y como suelen ser los jóvenes.



Apenas llegamos a Tenerife, ya nos volvimos

Teníamos la capacidad de hacer amigos, sentirnos como en casa y asimilar las costumbres locales en tan solo medio año. Apenas transcurrieron 500 días. Apenas habíamos echado raíces, cuando nuestro padre nos comunicó la noticia, tan trascendental para nosotros los niños, de que debíamos regresar a Alemania por motivos económicos.

Para mí, lo que siguió fue una de las despedidas más difíciles de mi vida. No solo tener que dejar atrás aquella tierra desconocida a la que tanto me había encariñado, sino también la isla con toda su magia.

De vuelta en la fría Alemania, percibimos este regreso como un traslado punitivo. Quizá fuera la combinación de mi energía juvenil y la magia de la isla lo que me sumió en un creciente torbellino de nostalgia por el paraíso perdido de Tenerife.

Regreso a Tenerife tras 53 años: esta vez, para siempre

Más tarde, cuando ya estaba casado y tenía tres hijos, pude disfrutar con mi familia de innumerables vacaciones en Tenerife. Sin embargo, ya durante el vuelo de regreso, volvió a invadirme ese sentimiento de nostalgia que siempre me había sido tan familiar.

A lo largo de los últimos 40 años, mi esposa y yo hemos soñado en numerosas ocasiones con emigrar. Sin embargo, nuestras circunstancias siempre se lo impidieron. No obstante, la vida finalmente nos ha sonreído y, ahora, 53 años después, hemos hecho realidad el sueño de vivir en la isla.

Ahora nos encontramos en plena mudanza. Entre nuestras pertenencias hay cajas repletas de la felicidad que supone un sueño largamente anhelado. Y la gratitud por poder vivir todo esto juntos.

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