El „entierro de la sardina“ es, sin lugar a dudas, una de las tradiciones más singulares del Carnaval canario. El gigantesco pez de papel maché es llevado por las calles entre los lamentos y las oraciones de miles de dolientes, para ser posteriormente quemado en un lugar céntrico.
Mientras que la quema del Hoppeditz o del Nubbel en el carnaval renano supone el final de las coloridas celebraciones, en las Islas Canarias, en muchos lugares, es precisamente tras este acto cuando todo empieza de verdad. El dicho „el Miércoles de Ceniza se acaba todo“ no se aplica, por tanto, a las Islas Canarias. Allí, de hecho, el lamento general por la „pérdida“ se disipa de repente en bailes y alegría festiva.
Mientras que en la capital de Tenerife, Santa Cruz, el gran „corso“, es decir, el desfile de carnaval famoso en todo el mundo, tiene lugar siempre el día anterior, Puerto de la Cruz, situado en el norte de las Islas Canarias, va mucho más allá: Aquí, el carnaval callejero, igualmente muy conocido, no entra en la recta final hasta esa misma noche.
¿De dónde proviene el entierro de la sardina?
Pero, ¿de dónde procede realmente esta extraña costumbre? Las hipótesis al respecto apuntan en diferentes direcciones:
¿El principio del „teléfono escachado“?
Según una de las teorías, esta costumbre surgió en Madrid a mediados del siglo XIX. Dado que ya en aquella época la Cuaresma comenzaba el Miércoles de Ceniza, los habitantes de la ciudad se desplazaban al campo para enterrar allí algo de forma simbólica. Como durante la Cuaresma no se consumía carne, la gente enterraba simbólicamente las costillas de un lechón, llamadas „cerdina“.
Esta costumbre se convirtió en una tradición y se extendió por todo el país. Sin embargo, al parecer, con el paso del tiempo se coló un grave error en la transmisión oral, por lo que la palabra „cerdina“ pasó a ser, por error, „sardina“.
¿Una travesura de estudiantes?
Otra tradición cuenta que, en esa misma época y en ese mismo lugar, un grupo de estudiantes decidió organizar una procesión fúnebre encabezada por una sardina. Esta procesión tenía como objetivo revivir el carnaval por última vez y, al mismo tiempo, simbolizar la próxima Cuaresma y la abstinencia.
¿Una fiesta del pescado que salió muy mal?
Otra tradición cuenta que el rey Carlos III de España (1716-1788) prohibió el consumo de carne el Miércoles de Ceniza. Para saciar el hambre, organizó una gran fiesta en la que se iban a servir cantidades ingentes de sardinas. Sin embargo, ese Miércoles de Ceniza hizo un calor inusual para la época del año, de modo que el sol dejó las sardinas en mal estado.
Y lo que es peor aún, se extendió un hedor tan insoportable que tanto a los vecinos como a los visitantes se les quitó por completo el apetito por el pescado. Para contener el hedor y poder seguir celebrando la fiesta, la gente organizó sin pensárselo dos veces un funeral en los alrededores. La procesión espontánea gustó tanto a la gente que se convirtió en una tradición.
¿Una gran ofrenda?
Otras tradiciones, en cambio, afirman que la gente pedía una abundante captura de pescado mediante una ofrenda simbólica. Además, se suponía que de este modo se pedía la fertilidad del ganado. Sin embargo, teniendo en cuenta la época en la que se desarrolló la costumbre, esta versión se considera la menos probable.
Hoy en día ya no es posible determinar con certeza cuál es el origen real de la costumbre del „entierro de la sardina“. Sin embargo, lo cierto es que el mito en torno a la sardina sigue ejerciendo una gran influencia sobre los carnavaleros de las Islas Canarias.
En algunos lugares de las islas, esta tradición marca hoy en día el inicio oficial de las coloridas fiestas de carnaval en las calles. Por lo tanto, merece la pena estar atento por la noche del Miércoles de Ceniza para no perderse ninguno de los numerosos desfiles.
















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