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miércoles, 19. agosto 2026
Meinung / Kommentar
Opinión y comentario

La política canaria alimenta el rechazo al turismo en las islas

Una pintada en el sur de Tenerife con el mensaje "mata a un turista" se tapó en pocas horas. El turismo aporta ya el 40 % del PIB, mientras el malestar crece entre residentes y también entre quienes vienen de vacaciones.

„Mata a un turista“, reza un grafiti en Tenerife. No va dirigido a nadie en concreto. El mensaje pretende disuadir. Y lo consigue. Y es que, ya en estos momentos, cada vez más personas se sienten menos bienvenidas en las Islas Canarias.

El letrero situado en el sur de la isla fue ocultado rápidamente. Esto es emblemático de la política actual de las Islas Canarias. Se procura eliminar las críticas en la medida de lo posible, mientras que se acoge con agrado el dinero procedente del turismo, que ya representa el 40 % del producto interior bruto (PIB).

Las Islas Canarias dependen del turismo. Nunca antes había habido tantos puestos de trabajo en las islas y, al mismo tiempo, tanto dinero. Y por eso los responsables políticos se sienten molestos por las críticas. Sin embargo, ignorarlas por completo es un gran error. Y es que ello conduce a un distanciamiento cada vez mayor entre la política real y las reivindicaciones de muchos habitantes.

La política canaria y los críticos del turismo se alejan cada vez más

Cuanta más gente se une para manifestarse en contra de algo, más rápido cambia el estado de ánimo si se les ignora. Esto es lo que ha ocurrido en muchos países durante la crisis del coronavirus. Independientemente de si en aquel momento fue acertado o erróneo: la política canaria podría haber aprendido de esta dinámica de cara a futuros conflictos. En lugar de ello, comete el error de fomentar activamente el turismo de masas -al que cada vez más personas en las islas se oponen- en aras del próximo presupuesto.



Si se analiza con objetividad, esta línea política resulta incluso comprensible. Y es que, allí donde históricamente ha habido un bajo nivel de desempleo, a primera vista parece que las cosas van mejorando. Sin embargo, los responsables pasan por alto un elemento fundamental: el descontento va en aumento en ambos bandos.

No solo los residentes reclaman que haya menos turistas, sino también, cada vez más, los propios turistas. Se encuentran atrapados en atascos en calles abarrotadas, son transportados en autobús o en coches de alquiler a lugares de interés turísticos repletos de gente y se encuentran en playas cada vez más concurridas.

Nuestro buzón editorial está repleto de cartas de lectores que cuentan que, tras diez, quince o veinticinco años, han decidido abandonar definitivamente las Islas Canarias, ya que hay demasiada gente y ya no resulta agradable.

Las Islas Canarias necesitan estrategias sostenibles para atraer a los turistas jóvenes

En este sentido, cabe plantearse quién ocupará el lugar de los mayores cuando estos se marchen y los jóvenes ni siquiera lleguen. La „Generación Z“ se ha vuelto más exigente a la hora de elegir sus destinos vacacionales. El mundo no solo se abre ante ellos en sentido figurado. Por lo tanto, quien desee seguir atrayendo turistas en el futuro no debería aparecer en los titulares por el exceso de afluencia, sino por sus conceptos sostenibles.

El sol y los hoteles baratos ya son cosa del pasado. Ya no basta con llenar los tranvías y los aeropuertos de bonitas fotos de tiempos ya lejanos. En el futuro, los destinos turísticos deberán atraer a los turistas con ideas innovadoras.

¿Acaso tenían razón los detractores del turismo de masas en las Canarias?

¿La conclusión? Quizás los críticos iniciales tenían razón. Sus reivindicaciones iniciales venían a decir lo siguiente: garanticen una política que atraiga el turismo a las islas con mesura. Promóvanos como un destino de mayor categoría y, a cambio, atraigan a menos personas a las que les dé igual dónde se tumben en la playa, siempre que sea barato.

¿Estarían entonces las arcas igual de llenas? ¡No se sabe! Pero lo que es bastante seguro es que, al menos, los turistas no tendrían que temer ahora que, tarde o temprano, alguien se lo tome en serio y acceda a exigencias de tan mal gusto como estas:

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