El suceso más trágico ocurrido en las ruinas de Añaza, en Tenerife, fue sin duda la muerte de una niña de 13 años el pasado mes de diciembre. Las ruinas llevan 52 años situadas en la costa. Las vallas de obra tienen por objeto impedir que los visitantes trepen, pero algunos hacen caso omiso de cualquier barrera. Como la niña que, mientras jugaba, cayó al vacío y falleció. Recientemente, un joven de 27 años sufrió un destino similar.
El 18 de julio se produjo el último fallecimiento registrado hasta la fecha en las ruinas. El joven también sufrió una caída y falleció en el lugar del accidente a causa de sus graves lesiones. Su madre se ha dirigido ahora a los medios de comunicación. Exige que, de una vez por todas, se derriben las ruinas.
Tras la muerte del joven, sus objetos personales quedaron abandonados en el tejado de la ruina. Se consideró que era demasiado peligroso recuperar dichos objetos. De ello se encargó finalmente un turista. Durante una excursión no autorizada, descubrió la mochila con todo tipo de objetos personales y la entregó a la policía. Esta, a su vez, se la entregó a los padres de la víctima. Ahora, estos se muestran preocupados. Y su reacción ha conmovido a la clase política:
Las ruinas de Tenerife preocupan a los padres de la víctima más joven
Las ruinas de Añaza no son solo un monumento conmemorativo para las personas demasiado aventureras. También son sinónimo del auge inmobiliario irreflexivo de los años 60 a los 80. Desde 1973, la ruina se encuentra en estado de obra, situada justo en la costa noreste de Tenerife. Se preveía construir más de 40 000 metros cuadrados de superficie habitable, distribuidos en 741 habitaciones.
Luego se agotó el dinero y los promotores desaparecieron. Hasta la fecha no se ha podido localizar a todos los propietarios de esta monstruosidad, que se encuentra en medio de un espacio natural que, en principio, está protegido. Esto es precisamente lo que dificulta tanto su demolición: las autoridades deben tener en cuenta, no obstante, la situación de la propiedad.
Tras la muerte de la joven, el asunto volvió a cobrar impulso. Se prevé que el Ayuntamiento reciba la titularidad del inmueble. Solo cuando la expropiación y la transferencia de la titularidad sean legalmente válidas, se podrá demoler el edificio por un importe de siete cifras, sufragado con fondos públicos.
La monstruosidad de Tenerife: unos operarios derriban las escaleras
Mientras tanto, una valla de obra debería proteger a los visitantes y curiosos. En su carta, la familia critica que, evidentemente, esta no sea suficiente. Una y otra vez se ve a visitantes en el tejado de la ruina; en ocasiones, las imágenes al respecto se difunden ampliamente en las redes sociales.
La familia exige que, de una vez por todas, «se adopten medidas adicionales para cerrar el edificio de forma efectiva». Al mismo tiempo, los padres solicitan una reunión con los responsables políticos y las autoridades. Y, de hecho, estos ya han respondido.
Aunque desde el punto de vista jurídico aún no se ha autorizado el derribo, el viernes acudieron unos trabajadores para derribar, al menos, las escaleras de las cinco plantas inferiores. Con ello se pretende evitar que la gente siga subiendo a las ruinas de Añaza y resulte herida o pierda la vida allí. Queda por ver si esta medida será suficiente. Al fin y al cabo, se trata de la primera reacción concreta en décadas.










«Ruinas mortales en Tenerife, padres exigen acción política y esta es la respuesta»
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