Von Marlis Zoschke
Tenerife no deja de sorprenderme. Para muchos de los que habían visitado la isla alguna vez, estaba claro que el sur no seguiría siendo siempre un desierto con unos pocos y modestos pueblecitos. Ya en 1970, quizá incluso antes, se proyectó el aeropuerto Reina Sofía. Quien recorría la accidentada carretera de Los Rodeos a Puerto de Santiago, ya veía de vez en cuando una nube de polvo. Pero nadie sabía qué estaba ocurriendo allí.
Dado que en el sur siempre hace buen tiempo, se pretendía atraer a los turistas a esta zona. La idea era buena, ya que en 25 años no he utilizado ni una sola vez un paraguas. Y he podido conocer todos los meses, desde octubre hasta mayo.
Tenerife a lo largo del tiempo
El tiempo en el norte de Tenerife solía ser tan adverso que no se podía aterrizar con un avión grande. En Gran Canaria sí era posible. Allí se hacía transbordo a una avioneta con pocas plazas y todo tipo de cosas para Tenerife. En una ocasión tuve la sensación de encontrarme en un gallinero volador. Solo faltaba que alguien soltara a las gallinas de la jaula. Pero llegamos a nuestro destino.
A menudo venían turistas de Puerto de la Cruz. De hecho, les parecía que el sur era más bonito que el norte. Cuando se inauguró el Reina Sofía en 1978, ya se habían construido algunas casas en nuestra zona y fueron unas vacaciones agradables y tranquilas, aunque, tras la muerte de Franco, las cosas cambiaron mucho. Ya no se estaba tan seguro ni se vivía con tanta tranquilidad. Nadie tuvo que preocuparse aún por su propia seguridad.
Año tras año, Tenerife se iba llenando cada vez más, ya que las vacaciones, que incluían sol en abundancia, resultaban bastante económicas para los estándares alemanes. Además, en los vuelos también solía ser posible encontrar gangas. El número de turistas no dejaba de aumentar.
¿Está cambiando de nuevo el turismo en Tenerife?
Ya se ha oído a los isleños quejarse en más de una ocasión. A menudo, los amantes del sol se han comportado de forma muy condescendiente con los lugareños. Nadie debería olvidar que, como huésped, es él quien debe adaptarse, y no al revés.
A pesar de ello, aún hay muchas cosas bonitas que ver en Tenerife. Hace poco, unos jóvenes me comentaron que hay lugares muy interesantes en Tenerife. Les dije que tenían razón. Las playas no les parecían nada interesantes.
















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